En el verde sur del Planeta Tierra, la selva tropical vierte vida en semillas y criaturas que son arrastradas en el agua dulce por miles de kilómetros hasta la gran planicie de inundación, una vasta región donde el agua manda, llamada Delta del Paraná.
Éste es el viaje de los Montaraces, una historia de verano y remo, de calor y mosquitada, otra más del río.
LEER LA QUINTA PARTE.
23 de enero de 2013.
La carpa del Consejo de Ancianos sintió que el cielo se desplomaba y nos arrulló hasta la mañana, cuando Fueguino el Cíclope cantó la canción. Los jóvenes durmieron con las ranas… qué raro.
Ha dejado de llover y el cielo permanece nublado. Después de desayunar y contarnos las anécdotas de una noche pasada por agua, Pilagá, Isopé y Kumpú salen arroyo arriba a dar un rodeo conectando varios cauces para volver al campamento. Yo decido desandar caminos para ver si llego al largavistas perdido. La cámara de fotos es un berrinche actual, que no hace ni le da nada mejor a un viaje: sólo sirve para capturar un poco de la luz del tiempo de andar, pero el largavistas, ése que deja acercarse sin avanzar, ése sí que hace la diferencia entre un tronco y un yacaré, entre un repollito y un carpincho, entre un carau y un águila… ¿Dónde estará? Yabirú insiste en que está debajo del espinillo, en la laguna de los Nidos.
Dejo lo pesado y arranco liviano y rápido. Está nublado… eso es bueno.
Paso el timbotal largo, las conexiones arroyeñas donde habíamos dejado la bolsa marcadora, el corte del Carrizal, la laguna de los irupés grandes, la zona de la horqueta y por último el arroyito que llegaba hasta el espinillo junto a la laguna de los Nidos.
Efectivamente ahí está, tirado en el suelo, arrastrado algunos metros del lugar donde lo había dejado, posiblemente por las vacas. Tengo suerte que no lo han pisado. El cielo muestra manchones celestes y eso no es alentador. Antes de partir, una ojeada a la laguna de los Nidos. Pichones por todos lados: nutrias, chajás, teros… qué maravilla.
El sol es una realidad y debo apurarme para volver a la sombra del campamento. Estoy lejos. ¡¡Noticias terribles!! Veo a Pilagá llegando a la laguna. Ha pasado el corte del Carrizal y va a querer quedarse a pescar… ¡¡Nooo!! Yo quiero volver al campamento.
Nos encontramos en la angostura que separa las dos lagunas
Pilagá saca el mojarrero —¿por qué?— y yo busco el reparo de una sombra: lo único que hay es un espinillo a cincuenta metros: chico y de suelo meado por las vacas… qué horror. Se ven nubes lejanas que nunca llegan. Cada vez hace más calor. Voy a morir.
El río le da a Pilagá una palometa grande y algunas viejas del agua. Conseguido el alimento, es tiempo de volver.
Volver no es rápido, nos lleva un buen rato andar contra tanta corriente, y recién regresamos al campamento para el tiempo de las sombras largas.
Qué lindo es el reventón donde permaneceremos por segunda noche. El cielo anda enrojecido por arreboles.
Qué lindo es verlo al río correr, correr con fuerza llevando esto al sur y trayendo esto otro de algún norte distante. El tiempo pasa como pasa el río, y el tiempo en lugares que no son acá, lejos del pequeño reventón, pasa hoy en perjuicio del mañana de estas aguas dulces que bañan y forman el delta… Alguien lejos del campamento, alguien de esos que ambicionan lo que no necesitan, quiere ser presidente y hacer grandes negocios con el arroz. Otro puerco de nuestra especie busca una patente para exportar carne orgánica de vaca criada a pastura natural, y para aumentar su superficie de pastoreo natural, corta la vía migratoria del pescado. Otro siembra organismos genéticamente modificados sobre la isla, agradece lo barato de la coima en la provincia de Entre Ríos y exporta sus commodities vía Santa Fe. Por suerte esta gente que no para de ambicionar lo que no necesita no ha encontrado este reventón lejano, acá en el corazón del Alto Delta… por lo menos me consuela imaginarlo. El tiempo pasa y el arrocero busca poder nacional, el tiempo pasa y el sojero expande sus plantaciones de monocultivos, el tiempo pasa y el ganadero exporta carne. El nutriero se transforma en puestero, la canoa se vuelve retroexcavadora, el humedal se mimetiza con la pampa… y las venas del Paraná se cortan… y el agua pierde, pero ganan los que derraman riqueza. En este tiempo y en otro lugar, los responsables de entregar a sus amigos empresarios el sur de las reservas de agua dulce en superficie más grandes del planeta Tierra, sueñan con copar y enderezar el mapa de la isla, ahí donde anda escondido nuestro pequeño reventón.
Es la noche y hasta las ranas parecen cantar tristes cuando se me oscurece el alma.
Que el brillo azul de tus aguas negras
no se te apague nunca, Paraná.
Que tus saetas e irupés engalanen la belleza
de tus lagunas en tiempo estival.
Que los horneros nunca dejen de mostrar
que la Tierra, gratis, da alimento y hogar.
Que la dulzura agreste del camoatí
no deje de chorrear miel pura y montaraz.
Que los alisos sostengan tus arenales
para que tus islotes se puedan quedar.
Que tus chilcas pueblen bajo los sauces
y sobre ellos los mburucuyás.
Que siempre florezcan en tus verdes florestas
el rojo del ceibo y el cardenal.
Que el olor a monte que despiden tus verdes
nunca se aleje del aire que he de respirar.
Que el pajonal sin fin no arda
para que guarde la vida el malezal.
Zorros, yaguarundis, hurones y gatos,
barriendo ratas que traen enfermedad.
Que los pájaros libres no topen con jaulas
y arrullen de trinos tu trajinar.
Que el velo de tus neblinas invernales
guarden los secretos que hoy no tienen paz.
Que por tus venas de arroyos y madrejones
tus peces nunca dejen de migrar.
Que cuando navegues al sol de diciembre
siempre encuentres laurel donde sombrear.
Que a tus lares vuelvan aquellos perdidos:
ciervo, pacú, canelón, federal.
Que las mosquitadas centinelas sean
contra el hombre ambicioso que viene de la ciudad.
Que las aguas de tus lagunas no sean encerradas
por ese latifundista que las viene a apropiar.
Aunque el islero no sea poderoso ni rico
que tenga derechos, voz, potestad.
Que nadie le cierre sus calles de agua,
que no le arrebaten donde halla su pan.
LEER LA SÉPTIMA PARTE.

Así en el inicio

Pilagá recorriendo el Paranacito

Guarú río abajo

El largavistas olvidado

Chajá

Chajá juvenil

Arriba el niño, papá cuida a lo lejos

Se abre el cielo y el calor se hace presente

Mi casa del agua

Pilagá con ganas de pescar taruchas

Caca de nutria

Desde la mísera sombra

Irupés grandes

Buscando camino

Descanso en el timbotal

Volviendo al campamento en el reventón

Fio fio silbón

Así cuando se unen día y noche
Escrito por Guarú del Río |
12 marzo, 2013 | Categorías: fotos, Poesía, Río Paraná, viaje | Tags: agua dulce, argentina, boca de cañas, cabeza de hueso, cancion de verano y remo, capital del kayakismo, careaga, carpincho, carrizal, cementerio indio, cerro chaná, cronicas, de verano y remo, delta, delta del paraná, diario de viaje, el parana no se toca, el rio nos une, exploración, guaru del rio, isopé, kayak rosario, kayakismo, kumpú, los hermanos cuesta, los meones, los montaraces, meones, montaraz, nucho uamá, paso destilería, pilaga, pre delta, predelta, rio parana, rosario, rosario capital del kayakismo, talon chanfleao, travesia, tuyuyu, victoria, yabiru | 2 Comentarios »
A ver qué dicen…