Última

Año nuevo, vida nueva.

Año nuevo, vida nueva, y para febrero ya envejecí y volví a ser el viejo vinagre de siempre.

Pero renacer no es tan difícil, lo importante es definir ciertos objetivos y prometer metas que lleven a edificar integridad.

Este año voy a leer dos libros de ésos que por lo pesado de su contenido han sido criticados duramente o prohibidos; por ejemplo, podría leer el Libro de los Abrazos de Galeano o Los Autonautas de la Cosmopista de Cortázar.

Este año trataré de entender una frase de ésas que dicen verdades incómodas y que no se escuchan en los medios comerciales, podría ser:

«La pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra», parece algo ridículo y sin sentido, pero alguna verdad debe esconder por ahí.

Este año me voy a acercar de forma paciente y humilde a un disco de Atahualpa Yupanqui y, más difícil todavía, voy a aprender de memoria una letra, la que recitaré cuando esté junto a mis compañeros más enajenados, podría ser alguna como Los Tesoros del Indio, que dice:

Hoy ando y sufriendo de una pena enorme.

Y quisiera juirme, no sé ni pa’ donde.

Es que mi huahuita se ha venío de golpe

preguntando: Tata, ¿por qué somos pobres?

Yo quise contarle cualquierita cosa.

Pero como nunca, m’hi callao la boca.

M’hi quedao mirando su carita i’ bronce,

sus ojos de kolla, mitarcita’i noche.

He mirao mi poncho, mis dobles ashutas,

y estas manos mías curtidas y oscuras…

Y he’i sentío de golpe ganas de gritarle:

¡Huahuita! ¡Si somos más ricos que naide!

Tenimos los cerros, los valles inmensos,

tenimos todito, la tierra y el cielo.

De cristal los ríos, rosadas las albas,

las tardes de oro, las noches de plata.

El sol que nos mira todas las mañanas

en tiempo del Inca fue Dios de la raza.

¡El Indio y el cóndor, sabelo mi huahua,

son dueños del mundo cuando abren las alas!

Duérmase huahuita, Duérmase tranquila,

¡que seremos ricos todita la vida!

Y voy a llorar después de leerla o recitarla… voy llorar a chorros, como manda Girondo.

Este año voy a empezar a respirar cultura de la tierra. De cada región escucharé una canción y serán todas las canciones mi colección de música importante, haré de ella cinco copias en discos y las regalaré a quienes prometan hacer lo mismo. Haré una cadena de cultura regional. El disco va a tener una milonga sureña, un lonkomeo mapuche, un chamamé maseta y otro instrumental, una chamarrita, un tango, una galopa, una chacarera, una zamba, una cueca y un huayno, podría, si queda lugar aún, grabar un shotis, un malambo, un tonadita puneña, una vidala, o un misterioso gualambao…

Este año prohíbo burlarme de cualquier creencia religiosa. Respetaré la fe del otro, sea cual fuera. Al ateo, al evangelista, al católico, al judío…

Este año empezaré a dejar de temerles a los pobres. A cada niño que me pida monedas le preguntaré si va a la escuela, cómo se llama la maestra que más quiere y de qué cuadro es hincha.

Este año me prometo reconocer dos árboles del antiguo paisaje nativo de mi zona y tres pájaros que antes no conocía.

Este año prometo decir «te quiero» o «qué lindo es estar con vos» al menos una vez por semana.

Por cada añoranza, este año prometo vivir algo maravilloso. Si recordé o quise revivir con palabras e ideas lo lindo que la pasé en aquel verano de hace 20 años, entonces ya estaré en deuda y me deberé vivir algo maravilloso. Suspenderé el domingo de cancha o con los suegros, y partiré con la bici, el auto, o lo que sea, hasta donde termine el horizonte. Tiraré un mantel sobre el pasto y tomaré mate junto a un buen amigo, ese amigo podrá ser mi pareja, mi hijo, mi vecino…

De ahora en más, si no soy solo, mi pareja empezará a ser mi mejor amigo. Aun cuando la relación esté deteriorada o desgastada, al menos dos veces por semana le pediré que haga silencio y acepte mis mates, en verano serán a la sombra y al solcito en invierno. Por cada pava cebada le contaré algo lindo, aunque sea tonto; podría ser: hoy aprendí una poesía de memoria, te la digo…

Este año voy a conocer un área natural que jamás haya pisado antes, y a la vuelta detendré mi andar si hay alimentos naturales producidos por campesinos.

Este año cortaré flores de los jardines… nada para mí, todas para regalar, lo haré por lo menos dos veces al mes, aunque la vieja dueña del terrenito me saque a escobazos o amenace con llamar a la policía.

Este año no echaré a nadie la culpa de las miserias que atravieso y seré responsable de mi destino.

Este año me acostaré una vez al mes en el pasto para encontrarles formas a las nubes.

Este año, en tres macetitas para plantas reales, reemplazaré tres condimentos de ésos que siempre compro: podría tener albahaca, tomillo y romero. Me sobra espacio aun teniendo menos que un balconcito.

Este año eliminaré de mis deberes capitalistas dos gastos superfluos, calcularé cuántas horas al mes debía matar mi tiempo para pagarlos, y dejaré de trabajar esas horas para pasarlas junto a una persona querida.

Este año aprenderé a decir NO.

Este año quitaré el televisor de la mesa donde la familia comparte sus alimentos, y conversaremos. Cuando, en los primeros días de tal cambio radical, la situación se torne incómoda, aburrida, silenciosa, le pediré a un miembro de la familia que ponga un disco,  y así escucharemos lo que a él le parezca importante, mientras no nos salgan las palabras.

Este año escucharé: seré atento de la música, del canto de los pájaros, del sonido del viento al pasar entre las hojas de los árboles, de los acentos regionales de mis hermanos argentinos…

Este año que empieza estará lleno de la gran sabiduría que los medios y el dinero ocultaron con sus estrategias enajenantes; este año estará lleno de aquellas pequeñas delicias que había olvidado cuando empecé a envejecer.

Guarú del Río.

nuestrorioparana@gmail.com

Parque Nacional Islas de Santa Fe

Hay cosas difíciles: llegar a primera, llegar primero, pasar por el ojal siendo camélido (1), saber cuánto es 7 x 8, rendir finales, ser orgánico, ser constante, consecuente, cebar rico… qué complicado, pero velay (2) de la simpleza de las cosas deliciosas.

Simpleza de sentarse a mirar cómo se va el sol, cómo sube la luna, cómo acomodar la espalda en el pasto para sestear y sombrear. Simpleza de observar cómo un ave alimenta a sus pichones, cómo se arma lentamente una tormenta, cómo hablan distintos tonos los árboles al cruzar sus frondas el viento. Simpleza de calcularle que no se nos pase la guaripola del primero de agosto. Simpleza de abrir nuestra puerta, de bienvenir, de agradecer. Simpleza de orillar alambradas y arriar tijeretas, simpleza de sacarles sonrisas a los niños, simpleza de ser niño y jugar con la arena, con el agua, con el barro. Simpleza de bendecir la arena desnuda, radiante de sol (3) que sale a encontrarnos cuando vamos por el río… simpleza de andar por el río, de
volar sobre sus aguas. Simpleza de aprender ese sagrado arte de andar sin ruido al que llamamos navegar.

Y así de simple decidimos aprovechar que teníamos cuatro días sin tener que trabajar, para recorrer alguna de esas zonas poco pisoteadas por el ser humano, que son de fácil acceso y gratuitas.

Partimos hacia la isla del Rico, el nuevo Parque Nacional que desde el año 2010 tenemos los argentinos, que es tan mío, tan tuyo, como de
nuestros hermanos entrerrianos o catamarqueños, y que por suerte no tiene un Otto Mailing o un Sheraton que nos hagan sentir extranjeros
en nuestra propia tierra.

Nuestra idea sería circunnavegar el islote del parque.

Cargamos los botes y decidimos partir desde Puerto Gaboto, el pueblo blanco más viejo del territorio argentino.

Para ver las fotos y relatos tenés que apretar sobre la primera imagen y con las flechas del teclado podés ir pasándolas una a una. Cuando llegues a la última, si no te aburriste antes, dejá un pequeño comentario, en forma de crítica si te parece necesario, para que tu opinión ayude a mejorar estas publicaciones.

(1) Biblia.

(2) Pucha.

(3) Poesía de Julio Cáceres.

 

Fotografías (apretá sobre los nombres para contactarnos):

Renata Trotsky Timai.

Guarú del Río.

Textos:

Guarú del Río.

Agradecimientos:

A Eber del Club Náutico Gaboto, Tonio el guardaparques, Neli, Braian y Priscila, Chochi de la costas barranqueras.

 

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