Honduras del chaná
Entrando por una pequeña zanja junto al rancho de Pascual, en la boca de la Milonga, rodeado de sauces y antes de llegar a la laguna, se ensancha el cauce formando un espejo de agua que es llamado el Pozo. Se dice que el Pozo es alimentado por surgentes subterráneos y argumentan esta teoría aquellos isleros que, observando 300 vacas bebiendo todos los días allí en las bajantes prolongadas, aseguran que la cantidad de agua se mantiene.
Iván Machado, el músico de barrio Unión, durante muchos años supo en vano arrojar monedas y lágrimas al Pozo.
Un día escribió:
«La sensación… cómo explicarlo… de perderse lejos. Así pasa cuando uno se mete para la zona de la laguna de Pascual. Ahí en el Pozo nada se ve. Ni edificios, ni barcos, ni la ciudad. Es un pequeño rincón oculto y a salvo, donde uno se aísla por completo de las ataduras con el mundo urbano. Y un poco más allá, un mundo de zanjones, arroyos y lagunas que se abre para redescubrir ese río maravilloso que cambia año a año.
Esto de andar por el Pozo es una sensación primitiva: es reencontrar ese rincón de la casa que ha sido nuestro refugio de niños, donde no hay otros ojos que los nuestros, donde sólo se habla lo que vociferan nuestros labios, donde las manos cerradas se abren para descubrir mariposas.
Veo otro navegante llegando al Pozo. Sale de su nave, sube a la barranca y es atajado por el monte. El monte lo ataja y devora, y sólo quedará de él una popa asomando y una humareda de aliso y sauce buscando el claro. El kayakero practica su ritual: son sus amuletos un poronguito de mate, una pava negra, hojas molidas que han llegado de la lejana selva misionera. El fuego, el agua… los elementos… y todo lo que va sobre la espalda del kayakero se esfuma… y por lo que dura el rito su cruz también arde para calentar la pava.»
En primer fin de semana de aquel 2011 volvimos al Pozo, salimos a andarlo una vez más, aquí hay algunas imágenes de aquella vuelta por nuestras islas cercanas:
Pascual: el jefe. El que autoriza o no al humano a entrar al místico sitio islero.
Tiana Gómez, maravillosa madre que es la primera puestera mujer de la historia de nuestros humedales.
Inocencia urbana: error fatal en la vestimenta montaraz.
Un poco de música para entrar juntos al Pozo.
Junto al rancho de Pascual está la entrada mágica al rincón oculto.
El invierno de río alto limpió del todo la entrada. Hay veces que el acceso no está tan simple.
Kayakeros preparando una especialidad campamentera. Papas al tetra. Una delicia.
La tarde se va lenta, y la mezcla de febo, monte y humo es deliciosa.
La hora de las texturas. Mirar el atardecer a través de las texturas es otra manera de ver lo que siempre ha estado junto a nosotros, y hemos dejado pasar de largo.
Los huascas de las gallinetas quedaron chiquitos entre los singulares graznidos de caraus en celo.
Cómo gritaba el monte. Los caraus lloraron hasta tarde, y sólo cuando éstos callaron, pudimos oír de lejos al alilicucú y al dormilón chico.
Hubo una tanda de mosquitada, pero duro poco más que nada. Después fue sólo el fuego danzando el baile de los rostros colorados.
Amanece sobre el Pozo.
El sol no ha salido aún… y los mates ya saben riquísimos.
Y entonces el Tupá Yara hace su entrada.
Estacionamiento libre.
El campamento.
Recorrida por la laguna de Pascual.
Nuevo riacho formándose.
La entrada del riacho, vista desde la laguna.
Recorredores del humedal.
Pasando albardones secos para seguir conociendo.
Alcanzando arroyos más allá de la laguna.
Dura la tapia.
Tuyango en retirada.
Alcanzando el cerro Castaño.
Restos chanáes en el cerrito.
Tiene pinta de ser parte de un asa.
Otro fragmento de alfarería.
Calandria real oculta en el espinillo. Che… tenés que volverte al sur!!
Animal exótico.
Aguas claras en toda la zona.
Los que no dejaron dormir a la noches… ¡¡caraus gritones!!
Seguimos andando arroyos interiores de agua transparente.
Nuevo timbotal.
¡¡Franjas color humedal!!
Toratay descansando al sol.
La biguada en formación piquetera.
Empiezan las tapias. Se complica otra vez el camino.
Niño caracolero.
Arriando biguases.
Fin del camino. A levantar el kayak.
Bandurria en vuelo escapista.
Saltamos el pequeño albardón y estamos casi en el canal de servicio del terraplén Victoria-Rosario. Ya lo tenemos.
Saucedal nuevo ocupado por mil biguás.
Volviendo al campamento nos sorprende don lobito.
El retorno al Pozo después de la vuelta por la laguna de Pascual.
Otra vez en casa.
Comparando los pedacitos de barro.
La más odiada: la viudita.
Papá caracolero.
El sauce listo para seguir su colonización.
Y una imagen final… el resto no hace falta mostrarlo. Es la vuelta charlando sobre el próximo campamento.










































































muy lindo!! cuando pueda voy a ir!
10 octubre, 2011 a las 10:50 pm
Che, los felicito. Como soy medio burro viejo, nada de lo visto me resulta nuevo. Antes que Ustedes, cuando ese Paraíso era un mundo inexplorado y deconocido para el 99,99 de los rosarinos, yo andaba por ahi. En bote prestado o como sea. Eramos mas salvajes que Ustedes. La cámara de fotos de 35 mm se llevaba para 5 fotos al campamento, y el tendal de pesca y patos cazados.
Por suerte, hoy llegó el conservacionismo. Nunca mas escopetas y pescar solo lo que se come. También ha llegado mas gente. Bievenida si es para cuidar este habitat y para expulsar los que queman campos para poner vacas y colar el rio con sábalos para los frigoríficos.
Por eso lo de Ustedes es bárbaro. Y en cada foto y comentario, volví a sentir las ganas de regresar.-
Suerte y Felicitaciones por el esfuerzo.
Angel Milicic
11 octubre, 2011 a las 8:59 am
Gracias por tu comentario, Angel. Esperemos que el ambiente siga en recuperación.
Vero: te quedan pocos días antes que la tapia lo tape todo.
11 octubre, 2011 a las 12:38 pm
Qué maravilla de fauna que tienen por allá!
10 octubre, 2011 a las 10:53 pm
realmente , es una maravilla , y como dice angel, los que tenemos mas de 60, todo eso y mucho mas, lo vivimos y mas salvaje y pristino, nada de motores molestos, bote con carrito a veces o canoa pescadora otras, tengo la suerte de que mi familia sigue la tradiciòn y mis hijas viven la naturaleza de las islas con ganas , sobre todo la POROOOOOOOOO…! ¿ QUIEN , NO LA CONOCE EN LAS ISLAS?, Y SINO PREGUNTENLÈ A pASCUAL O A tIANA, GRACIAS POR COMPARTIR ALGO TAN BELLO!
ADRIANA LOCATELLI
11 octubre, 2011 a las 3:21 pm
Gracias, Adriana, por tu comentario tan lindo… Se nota en estos textos la influencia de algo que me regalaste vos… ¿te acordás?: te contamos de nosotros. Ese libro me pegó mucho.
11 octubre, 2011 a las 5:15 pm
Marcelito Colman dejo el negro y gris de lo urbano para adentrarse en las islas…quien lo ve! Jeje
17 febrero, 2012 a las 2:11 pm
¡¡Qué hermosura x favor!!
Me dieron unas ganas bárbaras de andar x allí, y allí partiremos algún día. Y eso que lo digo yo, nacido y criado entre cerros.
¡Abrazos y que vivan nuestros humedales!
17 febrero, 2012 a las 2:18 pm
Hermosa galeria de fotografías de mi Paraná, ahora tan lejano, pero tan cercano a la vez.
17 febrero, 2012 a las 9:13 pm
Muyyy, muyyy lindo todo, la experiencia,la vivencia, las fotos , la intención, un buen trabajo que no es de ayer, ni es para hoy …quedará en el mañana y que todos juntos sepamos cuidar nuestro río, que no se le de la espalda a la costa, que la edificación de todos esos megaemprendimientos no nos destruyan las barrancas, que permita ver esas lineas verdes irregulares regadas por nuestro rio marrón…por siempre… que se aprenda a disfrutar de tanta paz, serenidad, sencillez y humildad, así es nuestro río y su gente. SALUDOS.
21 febrero, 2012 a las 8:14 am