Voces y colores del gigante de agua dulce

Río Paraná

de verano y remo (parte cuarta)

LEER LA TERCERA PARTE.

En el verde sur del Planeta Tierra, la selva tropical vierte vida en semillas y criaturas que son arrastradas en el agua dulce por miles de kilómetros hasta la gran planicie de inundación, una vasta región donde el agua manda, llamada Delta del Paraná.

Éste es el viaje de los Montaraces, una historia de verano y remo, de calor y mosquitada, otra más del río.

21 de enero de 2013.

Andaba a chuzazos reventando hermanos. Yo lucía una vincha celeste y debía matar a sangre fría a los de pañuelo rojo. Después yo me volvía rojo, bañado de sangre al atardecer bermejo de Caaguazú. Entonces vi al campesino tirado, muerto por mis manos… él tampoco sabía por qué peleaba… eso nos pasa por sentirnos orgullosos de decir: pa’ lo que guste mandar…

Entonces la música tipo Spice Girls ahuyentaba el silencio de la noche para hacerme abrir los ojos y enojar al resto.

Si tengo que ser un ista… seré artiguista, dijo Sampayo.

Nucho Uamá está afuera y ya tiene el mate preparado. Marca una culebrita cruzando el arroyo. El sol se levanta y los montaraces remolonean sin ánimo de salir a remar. Yo desespero por ponerme el kayak y enfrentar la laguna de Los Gansos, que está cerca y promete otro paisaje.

Kumpú y Uamá salen a caminar, Pilagá e Isopé matean, y Yabirú duda… Decido esperarlos más adelante. Parto hacia el norte, hacia el lado que se remonta el Paraná.

Para poder entrar a la laguna hay que acceder por un corte de aguas muy correntosas y calientes. El agua entra fresca a la laguna, pero es tanta la superficie y tan poca la hondura, que sale caliente y olorosa. Los dorados aprovechan para amontonarse en el caldudo corte y en mis aproximaciones a la costa golpean o saltan por arriba del kayak. Qué maravilla.

Un lobito nada conmigo hasta que saco la cámara y se escapa.

Dibujo el borde de la laguna para ver la boca del Descornado y los irupéses que crecen entre los juncos.

Antes de salir de la laguna, volteo y distingo lejos a Yabirú, solo, en el otro extremo. Levanto la pala para que me siga y avanzo para pasar el delta del Rabón, que tira mucho y cuesta remontar.

Dejo el kayak en la primera sombra para esperar a Yabirú. Al rato aparece. Lo recibo con verduras al tetra y mate. Más tarde también llega el resto del grupo. Traen historias de pesca: un dorado despedazado por las palometas es el gran suceso.

Partimos al terminar la hora de la siesta. Desviamos el arroyo principal por un cauce menor hasta un lejano bosquecito de timbó, laurel y ceibo. Nucho Uamá marcó un carpincho grande que dormitaba en una camita de canutillo y huyó barranca arriba, arrasando con todo el yuyerío.

Pilagá cocina chupín de tarucha. Es imposible de explicar lo rico que es esta comida tradicional de la isla.

Los jóvenes erectos se burlan de nosotros. Dan a entender que son huéspedes y nosotros sirvientes. Ellos son bastante relajados para la cocina y el fuego… Se ríen, se burlan, bardean… pero he visto jóvenes llorar porque los ancianos no llevan «huéspedes» a ciertas travesías montaraces.

Poco mosquito… así sí que se puede vivir.

LEER LA PARTE QUINTA


de verano y remo (parte segunda)

LEER LA PRIMERA PARTE.

En el verde sur del Planeta Tierra, la selva tropical vierte vida en semillas y criaturas que son arrastradas en el agua dulce por miles de kilómetros hasta la gran planicie de inundación, una vasta región donde el agua manda, llamada Delta del Paraná.

Éste es el viaje de los Montaraces, una historia de verano y remo, de calor y mosquitada, otra más del río.

19 de enero de 2013.

Cuando todavía suenan los ronquidos del montaraz y los tikliks de las ranitas, cuando el alba es apenas mañanita de estrellas la monotonía pacífica del sueño es interferida por una estridente música al estilo Spice Girls. El despertador es puntual y el tormento de amenazas e insultos también.

Hoy es el día largo, de mucho remo.

Salir de los Meones, hacer el interminable y espantoso tirón de los puertos para llegar a la boca del Bobo y allí por fin disfrutar algunas horas de las que pasan rápido pues llevan corriente a favor. Paciencia… recuerdo las líneas de Danamvedetá sobre ella.

Los horizontes son líneas largas, confusas, espejadas, y siempre muy lejanas. Quien se decida a entrar a Danamvedetá debe saber que lidiará con este gran fantasma espectral que es la lejanía. Río arriba, yendo a la paciente velocidad que da la sangre, los horizontes serán terriblemente amenazadores y llamarán al temple del recorredor.

Cómo enfrentarlos.

Cuando aún seamos débiles, cuando pensemos que jamás llegaremos, una posibilidad de resistencia cuando estemos al borde del quebranto es ver la costa, el metro a metro que se avanza, imaginar que si vamos por el monte caminando iremos torpes, temerosos, de paso atorado… pero deslizarse por el agua supone la posibilidad de no encontrar más obstáculo que la empalizada que asoma y atrapa camalotes, o la corredera que por unos metros nos hará hacer más fuerza para avanzar. Observar costas implica no sólo olvidar el vasto horizonte, sino hallar los colores de la tierra, las raíces asomando, los árboles inclinándose al río, las aves en sus nidos, las flores de las trepadoras… la abundancia de seres vivos que se erguirán por miles a cada metro avanzado. Así la vasta lejanía dejará de ser un inalcanzable y se volverá un detalle más dentro del gigantesco paisaje.

Un viaje río arriba es menos una travesía, un recorrido, que una construcción que se erige día a día y con la paciencia que enseñan los árboles.

El río y el tiempo pasan más rápido cuando se termina el aburridísimo tirón de los puertos. El viento sur nos ayuda.

Kumpú y Pilagá nos alcanzan en un saucedal. Traen cansancio e historias de viento y dada vuelta. Por culpa de un bidón de agua mal ajustado en los elásticos, Kumpú saludó de cerca a los peces.

Conformado el grupo de los seis gigantes, seguimos Careaga abajo hasta la boca de las Cañas, ahí donde por fin dará inicio el trajinar montaraz.

Un carpincho quieto nos marcó el lugar de acampe. Se lo ve cansado, posiblemente herido. Es un macho. Tal vez haya sido desplazado de su grupo por el dominante y ahora le toca el turno de escribir su propia historia, lejos de la mamá carpincha. Infló la glándula del hocico, pegó un alarido y desapareció en el agua. Con tanto humano que se divierte matando fauna silvestre, no va a ser muy larga su historia si no aprende a ser más esquivo.

Y sol se va y cada uno, sin saberlo, eleva una plegaria, un agradecimiento o simplemente deja escapar suspiros.

Es de noche y el viento no ha amainado. Las chispas dibujan desordenadas líneas luminosas que se apagan sobre el arroyo.

Capincho tirate al agua

que anda cerca el cazador

y puede sacarte el cuero

para hacerte un tirador.

Si te persigue el baqueano

con intención de matar

si no para bien la oreja

las mantas te han de sacar.

Talón Chanfleao – Los Cuestas.

LEER LA TERCERA PARTE.


de verano y remo (parte primera)

En el verde sur del Planeta Tierra, la selva tropical vierte vida en semillas y criaturas que son arrastradas en el agua dulce por miles de kilómetros hasta la gran planicie de inundación, una vasta región donde el agua manda, llamada Delta del Paraná.

Éste es el viaje de los Montaraces, una historia de verano y remo, de calor y mosquitada, otra más del río.

18 de enero de 2013.

Somos Yabirú, Nucho Uamá, Isopé y Guarú. Faltan Kumpú y Pilagá, pero nos darán alcance mañana.

Decidimos dejar la ciudad la tarde anterior al día previamente pactado para la partida. Remar un ratito a la tarde te acerca un poco a los lugares más lindos y te alivia el sol que en el tiempo estival golpea con dureza a las costas de Rosario. Estamos en enero, es el año 2013. El verano empezó hace poco menos de un mes y estamos en la parte seca y dura de la estación.

Cargamos mucha agua, mucha verdura y fruta, mucha comida y dejamos que el río se cerrara sobre nosotros.

La luz alcanzó para que remontáramos por poco más de dos horas. Armamos campamento en los Meones en el momento en que la noche empieza a desplazar la tarde. Paramos en la puntita de los yates, donde termina la primera curva entrando desde el sur —y aprovecho para aclarar que como el viaje es en contra de la corriente, muchos de los lugares, en la narración, empezarán donde el agua los abandona.

El pasto ha sido cortado con una desmalezadora y nos ahorra machetear la escobadura. Los yateros son formidables. Poca leña y mucho mosquito. La luna creciente promete noches claras. Mañana empezaremos a dejar lo antro«pisado».

En unas horas conocerán mi despertador. Je. Lo puse a las 5:30 para aprovechar la fresca.

Somos cuatro humanos en una carpa grande. Mañana nos alcanzarán dos kayakistas más.

 

LEER LA SEGUNDA PARTE


Vacaciones de verano

Rosario – Diamante – Rosario en kayak.

4 días de arribada, 3 de bajada… rodeados de naturaleza.

¡Perfecto!

No necesitás guía, dinero, mapas, gps, el río te va llevando hacia el destino, no hay manera de perderse… sólo necesitás tu kayak, mucho temple, paciencia y ganas de desconectarte de absolutamente todo lo que viene de la ciudad.

Naturaleza en casa!


Un paraíso de aguas celestes

Enclavada en el valle de inundación del Río Paraná, en la zona conocida como Alto Delta, encontramos el gran islote de los Mástiles y la Carlota, en jurisdicción de la Provincia de Santa Fe. Esta isla, que es joven, y que se expande en dimensiones hacia el sur y el este, guarda ambientes naturales de inconmensurable belleza y especies de fauna que tienen distinto grado de importancia para la conservación.

Dimensiones aproximadas de la isla.

Obtenidas por los constantes relevamientos en el campo, y calculados con el programa Daft Logic, Google Maps Area Calculator. http://www.daftlogic.com/projects-google-maps-area-calculator-tool.htm

Superficie de la isla: 1163 hectáreas
Lagunas inundadas permanentemente: 401 hectáreas
Arroyos internos de flujo de agua constante: 75 hectáreas
Albardones, medialomas y bañados: 687 hectáreas

Especies registradas en la isla, que merecen ser estudiadas:

-Carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris).

Considerado potencialmente vulnerable para Argentina por la presión de caza que sufre en todo el territorio.

-Alevines de Sábalo (Prochilodus lineatus).

Es el principal eslabón en la cadena alimentaria de la fauna ictícola del Paraná y los grandes espejos de agua de esta isla son zonas de cría.

-Dormilona Cara Negra (Muscisaxicola macloviana).

Ave migratoria que llega en invierno desde la Patagonia. Se observó una yunta y se fotografió a uno de los dos individuos por primera vez en el Alto Delta del Paraná. Fue en invierno de 2012 y se desconocen los motivos de su aparición en islas, lo que merece un monitoreo constante. Se adjunta la foto de uno de los individuos.

-Lobito de río (Lontra longicaudis).

Esta especie, declarada monumento provincial de Corrientes, habita en las lagunas del norte de la isla de los Mástiles y Carlota. Fue fotografiada en marzo de 2012. Se adjunta foto a continuación.

-Aguará popé (Procyon cancrivorus).  

Se fotografió una huella de este mapache sudamericano en la zona norte de la isla. Los registros de esta especie son escasos en nuestra zona de islas, y necesitan de un constante monitoreo para poder precisar datos de poblaciones y hábitats. Se adjunta la foto de la huella.

Ver aguará popé en Ecoregistros.

Otros registros:

En 2012 se registró un ejemplar de Reinamora Grande (Cyanocompsa brissonii), pero su presencia puede deberse a una liberación o escape de jaula.

También tenemos conocimiento de la aparición en varias ocasiones del Águilas Pescadoras (Pandion haliaetus) observadas por César Giarduz.

La mejor manera de defender nuestros recursos naturales, es conociéndolos. Conocé tus islas, conocé tu tierra, conocé tu casa.

Naturaleza en casa.

Guarú del Río (kayakista y montaraz).

Imágenes satelitales: Google Earth
Fotos aéreas: Juan Carlos Guglielmi
Imágenes desde el llano: Guarú del Río el Montaraz


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