Voces y colores del gigante de agua dulce

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De peces y enunciados

Primera parte.

 Al atardecer

Un día, después de todo ese estiaje que lo mantuvo encerrado y creciendo en su laguna, el pequeño bagre descubrió el arroyo y salió al río grande.

El universo ampliaba horizontes y los pequeños peces y renacuajos que poblaban la lagunita, ahora se volvían gigantes de bigotes largos, y escamosos brillantes que encendían las correderas cuando los cardúmenes remontaban el viejo río.

Siempre se supo el más grande y guapo lagunero, pero el pequeño hábitat se había vuelto vasto y confuso. Un enorme cachorro  lo persiguió en un pozo y, cuando buscaba alcanzar la costa, un dorado se interpuso en la carrera para comer a nuestro pequeño, y alcanzó a arrancarle la punta de su bigote izquierdo.

Como era su costumbre, antes para cazar y ahora para resguardarse, buscó amparo en una tapia de camalotes que encontró cerca de la costa, flotando y amarrada a un banco de arena y barro.

Río Paraná

-Ahí tampoco vas a estar seguro -le habló una voz que el pequeño no pudo reconocer-. Salí de las tapias -siguió explicando la criatura misteriosa- que en ellas habita la sigilosa y carnicera tarucha .

-¿Quién me habla? -preguntó el chiquitín, desorientado, pues la voz parecía llegar desde muy cerca, pero de un ser invisible.

-Estoy justo abajo tuyo  -y vio dibujarse un disco plano en el fondo que, girando, enseñaba su posición.    

-¿Quién sos? -se asustó el pequeño al ver la enorme criatura chata que arrastraba una cola larga y espinuda.

-Soy la raya a lunares. Acercate que a mí todos me temen y nadie te va a tocar.

Al alejarse de la tapia el pequeño bagre miró atrás, y vio los ojos de las taruchas que estaban pronto a devorarlo.

-Yo soy un gran cazador lagunero -se presentó el rescatado- pero desbordó mi pozo y por accidente me salí, y ya no sé cómo volver.

-Acá sos sólo un malanuncio, y por no tener defensa, sos presa fácil de todos los peces carnívoros. En el río abierto, para llegar a viejo, tenés que estar muy alerta y no caer en ninguna trampa. Cuando el agua sube los peces grandes migran hacia el norte y la ruta se llena de depredadores peligrosos. En el invierno las aguas bajan y todo se colma de palometas , que son pequeñas pero muy voraces.

-Quiero volver a mi laguna, donde estaba seguro y todos me temían.

-Nada es seguro ahora, amiguito. Tu pequeño madrejón -explicó la raya-, debe haberse llenado de peces voraces con esta crecida. Tranquilo. Acá vas a estar bien.

-¿Qué le pasó a esa otra raya que es tan fea? -el bagre vio a otro pez que también se arrastraba como su amiga- Mirá, tiene la boca torcida.

-Es un lenguado, no una raya, Ja, ja. Y ésos de allá son los diablitos. Son como vos, pero pequeños y con peligrosas puntas en sus aletas. Y acá viene otra amiga. No te asustes.

Peces

Una enorme silueta rompió la monotonía rojiza del río, al figurarse un bagre muy grande, armado con una coraza oscura, que arrastraba su boca por el barro. El malanuncio tuvo mucho miedo y se ubicó rápidamente junto a la chuza de su amiga a lunares.

-No te asustes, gurí -explicó la raya riendo-. Es la vieja del agua. Es mansa y le va a gustar tu presencia.

-Pero qué pequeñez tan dulce te has encontrado, raya. Hola, chiquitín -se sonrojó ante las palabras del bagre grande, para él todo resultaba muy confuso, de ser el gran cazador a ser la pequeña mascota del banco de arena y barro.

-Hola, señora -el pequeño se acercó, avergonzado, a la enorme acorazada.

-Ella dirige el Concejo del Aluvión -explicó la raya-. Mantiene alejadas a las taruchas que se pasan de la tapia, y lo corre al lobito de río que a veces viene a cazar acá.

-Vení, pequeño -habló la vieja del agua-. Dejala un rato a la raya y seguime.

La vieja del agua le presentó al resto de la comunidad: a la hermosa yarará que viven en el saucedal de arriba; a la tortuga que se asola en el curupí que una creciente arrastró hasta allí; a los siempre malhumorados cangrejos; al martín pescador que vigila desde lo alto; al dientudo loco, que cree que un día perderá su dentadura y se volverá sábalo.

-A ése -le recomendó la vieja del agua- no te le acerques mucho que la cordura se le ha ido. Y ésas son las mojarras -siguió explicando-: deliciosas, pero tenemos prohibido correrlas porque se espantan -el malanuncio suspiró apenado: él amaba perseguirlas un buen rato antes de devorar alguna-, y si escapan -continuó el bagre grande- se van junto a las tapias, y allí sabés que no entramos. Si tenés hambre, te les acercás con paciencia y sin armar alboroto.

Cangrejo

La vieja del agua también le enseñó los confines del aluvión:

-Río arriba hay barrancas, troncos, desmoronamientos y dorados. Hacia la playo está la costa: irrespirable por el agua caliente en esta época del año. Río abajo, si lográs pasar la terrible tapia, se encuentra la ensenada de un arroyo. Tal vez vos hayas venido desde allí.

-¿Y hacia la hondura? -preguntó el malanuncio.

-Hacia la hondura está el tenebroso lecho del río grande. El lugar más peligroso, y la ruta de los peces que migran al norte. Nunca se te ocurra aventurarte más allá el aluvión. Un chiquitín como vos no duraría nada. Y ahora -la vieja reanimaba al pequeño que tenía la mirada fija en la oscuridad de la hondura- ya conocés tu casa. Recorrela con cuidado y disfrutala.

Efectivamente, la vieja del agua fue acertada respecto del resto de la comunidad: los cangrejos, a pesar de su aspecto de fantoche y su andar gracioso, eran muy agresivos y enojones, y permanentemente peleaban entre ellos para arrebatarse las mejores piezas de alimento. La tortuga, por su parte, pasaba el día entero apoyada en el tronco del curupí con las patitas en el agua, cerca de la hermosísima yarará. Sólo de noche se sumergía para cazar algún diablito o alguna mojarra. El dientudo desconcertó al malanuncio:

-Cuando era chiquito -le dijo- aún no me habían crecido estas aletas lindas que tengo. Entonces yo era una anguila. Y de viejo se me caerán los dientes y seré un gran sábalo que migrará hacia el norte. Tú podrás ser una sanguijuela, y juntos nos iremos bien lejos de aquí.

Malanuncio prometió alejarse del dientudo, cada vez que lo viera cerca.

Tarucha

La rutina pronto lo aburrió y el aluvión se le antojó limitado y escaso de emociones. No se animó a dejarlo, pero pasaba días enteros observando desde el límite de la hondura cómo los gigantes viajaban, felices, hacia el norte y en grandes cardúmenes. El brillo de las relucientes escamas se reflejaba en los ojitos del pequeño, y era verlo solo y triste: una siluetita en el mundo quieto y barroso, y sus ojos dos estrellas frías que brillaban, resignadas, cada vez que los animales resplandecientes se atravesaban entre él y la hondura infinita. La herida en su bigote trunco ya había cerrado, y el dolor del bagre era sólo en su corazón.

Preguntó pero nadie en la comunidad, siquiera la vieja del agua o la raya a lunares, supo decirle qué era el norte, qué había allí y por qué pasaban y pasaban los gigantes de plata en un camino únicamente de ida.

Una tarde, cuando las lluvias ya habían calmado y al agua se había aclarado y enfriado, un enorme pez plateado se acercó al banco de arena y barro, persiguiendo a unas banderitas que se habían aventurado más allá de lo playo. Llegó junto al malanuncio y éste se sorprendió de ver tan cerca a la criatura más hermosa que jamás pudo imaginar: grande, estilizada, sin bigotes, de perfectas escamas brillantes adornadas con sanguijuelas, con una dentadura brava y prolija, de ojos grandes y perfectamente redondos.

-¿Quién sos? -preguntó por preguntar el bagrecito, sin imaginar que tan bello animal le dedicara siquiera una mirada.

-Buenas tarde, bagre pequeño -respondió para sorpresa del malanuncio-. Soy la boga -y agregó-: la dama de la corredera.

Las estrellas distantes en los ojos del bagre se volvieron dos luceros grandes y claros.

Plantita lagunera

-¿Hacia dónde vas? -insistió.

-Al norte.

-¿Qué es el norte?

-El norte… -meditó un segundo la boga-. El norte es grande y no es sólo uno.

-¿Cómo es eso?

-Hay un norte de montes y empalizadas. Hay nortes muy lejanos que son muy altos, más altos que el vuelo del tuyango, y fríos, que nacen del viento y la nevada. Hay otro norte gigante y lagunero, que las aves comparan con un espejo del cielo. Hay nortes de selvas y cascadas. Nortes con lluvias permanentes. Nortes con surgentes cálidos en el lecho. El norte es muy grande y son muchos.

El malanuncio suspiró.

-Pero no debo detener la marcha -exclamó la boga-, pues el grupo sigue y no espera. Adiós, bagre pequeño.

-Adiós, bella dama de la corredera -la alegría del malanuncio se hizo pequeña y grande la desazón de su alma. El alma de los animales es un carente de razones que sólo se manifiesta en conductas puras y honestas.

Pez

El malanuncio permaneció en silencio. El reflejo en sus ojitos se apagó cuando un camalote muerto a la deriva se enredó en la aleta de su lomo, volviendo lo que él veía verdoso río en su bajante, en una total oscuridad.

Cuando el rojo sedimento yungueño desapareció del todo, cuando la bajante tocó su punto máxima, la parte más alta del aluvión, que había quedado expuesta al aire puro, enseñó una linda alfombra de nuevos alisos. Todo seguía igual, sólo que la comunidad debía convivir más apretujada en el espacio reducido del banco de arena y barro.

Aquel día amaneció como de costumbre: la vieja del agua retó a un apretador que corrió las piabas hacia las tapias, la tortuga conversaba con la yarará hermosa sobre lo frío de ese invierno, los cangrejos peleaban por un huevo de paloma que había caído al agua, la raya a lunares corría a chuzazos a unas palometas que quisieron entrar al aluvión, y las tararitas asomaban sus dientes feos entre los camalotes esperando por algún distraído que se arrimara río abajo.

Malanuncio andaba desanimado, arrastrando su pancita amarillenta por la playura, cerca de los nuevos alisos, y entonces la vio: una deliciosa y ágil lombriz de tierra que, por alguna razón, cayó al agua. La raya a lunares vio al bagre arremetiendo y quiso detenerlo, pero fue tarde. El malanuncio tomó la presa escasa… la alcanzó, la puso en su boca, tironeó, le dolió… y desapareció del aluvión.

 Vida bella

Segunda parte.

 

         Ariel, el mayor de los hermanos Trevisanut, condujo a Kiara Osorio hasta Puerto Gaboto. El kayak de la muchacha viajó sobre el techo del auto.

         -Regreso a Rosario en una semana -explicó ella, y se perdió corriente abajo por un arroyo al que llaman las Cañitas. Al rato dio con un brazo del Paraná conocido como la Orzada de Nogoyá, donde se detuvo en un banco de arena para estirar un poco las piernas dormidas, y reanudó la marcha; hasta dar con una boca que algunos llaman de Piaggio, en el canal, a la altura de la boya 474. Allí la barranca daba tregua y podía encontrar una costa playa para bajar del bote: pesado entonces por la carga.

         Armó el campamento bajo unos sauces y juntó mucha leña para calentarse. Era julio, y le quedaban sólo nueve días para preparar su parcial de lenguas muertas europeas. Cuando alguna materia se le complicaba, buscaba la paz y el aislamiento de la isla para poder estudiar.

         Encendió el fuego, colgó la hamaca, se introdujo en lo que ella llama el «uniforme de islera», que consistía en botas de goma, pantalón bombacha y camisa de trabajo. Recogió su pelo, escondiéndolo en el gorro, y dejó su machete a mano. Se vestía de esa forma para no llamar la atención de los cazadores solitarios porque, como canta el negro Luna: «son todos buenos paisanos, pero el poncho no aparece». Pasó días frescos y noches frías estudiando de forma casi ininterrumpida pero, cuando llegó el quinto día, cansada de comer verdura y harina, removió la tierra con el machete, juntó algunas lombrices y encarnó su equipo de pesca. Aunque el lugar era playo, con un buen lanzamiento llegaba sin dificultades a la corredera.

Fuego

         Estuvo un buen rato distraída, entre el mate y su diálogo imaginario con los peces del fondo, persuadiéndolos a comer esa deliciosa lombriz. El río le dio un patí y, ya teniendo el alimento suficiente para hacer una rica olla, quiso probar suerte nuevamente. Preparó la carnada en el anzuelo y volvió a tirar pero, cuando daba el latigazo con la caña, la tanza se enredó en el aro de la punta y el tiro apenas si llegó a un par de metros de la costa, aún en la playura. Kiara le agregó yerba al mate y una pizca de yatay caá -marcelita – para amargarlo un poco más y, cuando iba a recoger el tiro fallido, vio que un pez muy pequeño venía prendido del anzuelo.

         Levantó la pieza para verla de cerca y el bagrecito morado de bigote trunco daba vueltas de trompo y se agitaba desesperado, sufriendo por el dolor del anzuelo atravesado en la boca, y por la falta de aire.

         Kiara Osorio quitó el anzuelo, miró una vez más al animalito y le dijo:

         -Ni para encarnarte…

         Y lo devolvió a su río.

         Los días le acomodaban el conocimiento y las noches junto al fogón desordenaban posturas e ideas. De día le recitaba las claras lecciones a una tortuga que se asolaba sobre un tronco semihundido, y de noche les injuriaba en latín y griego a los cangrejos, que no hacían más que pelear para quedarse con los restos de su comida.

         Al séptimo día consideró que ya estaba lista para volver a la ciudad y rendir el parcial. Se alegró de ver que, aunque la mañana estaba escarchada, un fuerte norte que se iniciaba la ayudaría a volver en pocas horas: tal vez en sólo cinco o seis.

         Cargó la pavita en el río y, cuando volvía hacia el fogón, encontró una enorme víbora yarará que yacía enrollada sobre el trasfoguero aún tibio de la noche anterior.

         Pobre bicho -pensó la kayakera-. Mejor me hago el fuego en otro lado.

         Guardó todo en el bote, sacudió el agua para alejar a la raya que se arrimaba todas las mañanas, y sobre su bote se alejó contenta.

 tortuga

Tercera parte.

 

         El malanuncio había desaparecido por tanto atajar las porquerías que derivan bajo la superficie. Casi no se movía y pasaba la lenta agonía de no ser, mirando a los plateados que sí eran y que remontaban el Paraná en brillantes cardúmenes.

         Hacía días que no comía. La raya a lunares y la vieja del agua trataron de animarlo pero él, sin ganas, les decía que estaba así por el fuerte dolor en la boca que le generara la herida del anzuelo, cuando fue pescado y devuelto. Siquiera encontraba ya emoción al ver las peleas de los cangrejos, ni se sorprendía del golpe del martín pescador cazando en las orillas.

Pero de pronto las cansadas y lejanas estrellitas de su mirada volvieron a ser dos luceros grandotes, igual que la vez en que lo visitó la boga. Un gigante jorobado y de plata se acercó al pequeño inmóvil.

-Malanuncio lagunero, ¿cómo estás? -habló el sábalo gordo.

-¿Cómo me conocés? -preguntó el bagrecito.

-Qué mal. ¿No te das cuenta todavía de quién soy?

-Sí -aclaró sin entusiasmo el malanuncio-. Sos un sábalo grandote que…

-Soy el dientudo. Ya se me cayeron los dientes, mirá -y abrió la boca-. Ahora soy un sábalo. Viste que yo tenía razón… y ustedes me trataban de loco.

De luceros, los ojitos pasaron a soles.

-Nos vamos al norte. Vine a buscarte.

-Pero… no sé…

-Sí, sí, chiquitín. Nos vamos.

-Pu… pu… ¿puede ser al norte de selvas?

-Sí, mi amigo; nos vamos a la selva… Volvete sanguijuela y agarrate de mis escamas que nos vamos.

Y una sanguijuela, feliz, se prendió entre las escamas del sábalo gordo.

-Sí… ya me agarré.

-¿Nos vamos?

-Sí. Nos vamos.

-¡¡Nos vamos!!

Y se fueron.

 pez

La vida del río es una, y son todas y cada una. Una que va, que pasa, que llega y nos llama.

La voz que nos llama es un solo pedido, de millones, que son sólo uno.

 

Cuarta parte.

 

Kiara aprobó.

Raya pez


de viaje por Corrientes

Primero, un poquito del arte del lugar que vamos a visitar:

 

SE FUE ESE DÍA Y PREPARAMOS EL VEHÍCULO.

AHÍ ESTÁ ANTONIO. PATO, MI AMIGO, LE HIZO UNA PROMESA AL GAUCHITO, Y ÉSTE PAGÓ SU PEDIDO, Y AHORA ERA EL MOMENTO DE DEVOLVER EL FAVOR.

CON EL GUACHITO GIL A CUESTAS, ME DIJO PATO, NADA NOS PUEDE PASAR.

CRUZANDO EL PUENTE DESDE ROSARIO.

CRUZANDO LA PROVINCIA DE ENTRE RÍOS.

DESCANSAMOS EN CURUZÚ CUATIÁ, LA CUNA DE TARRAGÓ ROS.

EL CREADOR DEL TORO:

AUNQUE ÉL PREFERÍA OÍRLA UN POCO MÁS ASÍ —COMO LO INTERPRETAN ESTAS DOS DAMITAS—:

UNOS AMARGOS Y A LEVANTARSE.

HEY! UNA VACA SIN CORRAL… QUÉ SIGNIFICA ESTO?

ADIÓS, CIUDAD DE CURUZÚ.

NOS VAMOS.

PATO CONCENTRADO EN LA RUTA. NO FALTA EL CHAMAMÉ.

LAS MARAVILLAS DE CORRIENTES.

SURIS EN EL PASTIZAL.

A DESCARGAR EL EXCESO DE MATE, Y SEGUIR.

UN HERMOSÍSIMO CHAMAMÉ, ACOMPAÑADO DEL RUIDO DEL MOTOR DE LA CAMIONETA.

BANDERAS NEGRAS. QUÉ ES ESTO?

UN ORATORIO?

ANTONIO GIL ERA DEVOTO DE ESTE SANTO. 

SÍ!! EL ORATORIO DE SAN LA MUERTE, ENTRE CURUZÚ CUATIÁ Y MERCEDES.

DIVERTIDO EL TIPITO.

LA PARCA, TOMANDO UNA GASEOSA IMPORTADA.

LA MARAVILLOSA ESCULTURA QUE NACE DE LA MUSA QUE INSPIRARAN ESTOS HUESOS Y ESA PROMESA CUMPLIDA.

LA FE.

LA DEVOCIÓN DE LOS PROMESEROS Y DE LA PRIMA CORRENTINA DE BANYA, LA BOXER IDEALISTA.

LA VIRGEN INDIA…

…Y EL MÁS GRANDE DE LOS BANDOLEROS RURALES FEDERALES.

ENTRANDO A LA CRUZ GIL DE MERCEDES.

ÉSTAS SON LAS DOS ESTATUITAS QUE EL PERRO DE UN AMIGO DE PATO LE LLEVARA MISTERIOSAMENTE A SU DUEÑO, EN DISTINTOS DÍAS, HASTA SU CASA. EL DUEÑO DEL PERRO SE LAS DIO A PATO DICIÉNDOLE: TOMÁ, SI VAS A MERCEDES LLEVÁSELAS AL GAUCHITO. SI APARECIERON MISTERIOSAMENTE, DEBE SER PORQUE QUIEREN VOLVER CON SU PATRÓN. PAGANISMO PURO.

TODO ROJO, TODO VELA, TODA PROMESA.

EL ORATORIO DESDE ADENTRO.

PATO HIZO LO SUYO.

GAUCHO PROTECTOR DE LOS VIAJEROS.

DEL RÍO LEYENDO LOS AGRADECIMIENTOS.

UNA GRAN ESTATUA PAGANA.

Y EL COMERCIO DE LOS NINGUNEADOS.

LOS POBRES SE LA REBUSCAN Y SALES ADELANTE.

LOS MÁS POBRES SIEMPRE PERSIGUIENDO EL MANGO. SIEMPRE CON LO JUSTO:

CON SUS RANCHOS FRÍOS…

Y SUS CORAZONES CALIENTES Y AMABLES. NOTE EL VISITANTE QUE ESTE VIAJE SE REALIZÓ EN INVIERNO, NOTE LO QUE ES SU CASA, NOTE QUE LLUEVE, NOTE QUE ESTÁN SIN CALZADO. NOTE QUE SONRÍEN. EL SEÑOR QUEDÓ VIUDO HACE POCO Y MANTIENE A SUS OCHO HIJOS VENDIENDO ARTESANÍAS HECHAS A PARTIR DE HUESOS QUE ENCUENTRA POR AHÍ, O QUE PIDE A LAS PARRILLAS AMBULANTES.

EL LAPACHO ES EL ÁRBOL DE LA AMISTAD: LE QUEDA TAN BIEN A CORRIENTES, CAPITAL DEL CHAMAMÉ…

Y DE LA POBREZA Y LA INJUSTICIA.

MARITO BOFILL EN UN TEMA QUE SIEMPRE ME HACE EL NUDO EN EL GARGUERO.

SI ALGUIEN ME PIDIERA QUE LE DIGA TRES SINÓNIMOS DE LAS PALABRAS «POBREZA» O «INJUSTICIA», CREO QUE DIRÍA: HAY UN CARTEL EN UN CRUCE DE RUTAS CORRENTINO…

SALIENDO DE LA CIUDAD DE MERCEDES, PARA DIRIGIRNOS AL RÍO CORRIENTE (NO CORRIENTES).

LLEGANDO AL ESPERADO RÍO, EFLUENTE DE LA MAR BRILLANTE: DE LA IBERÁ.

CAMBIAMOS LA GENTE POR LA TARAGÜÍ. AHORA A DISFRUTAR DEL AGUA: DEL RÍO CORRIENTE.

¿¿¿PATO ROSADO, CUCHARÓN, GARZA ROSA, ESPÁTULA???

LOS PROMESEROS CATÓLICOS, CELOSOS DEL GAUCHITO, TAMBIÉN TIENEN SU SANTITO.

SEGUIMOS ANDANDO.

MARAVILLOSO RÍO.

ESPEJO DE UN CIELO GRIS.

COSTERO DE ARENAS PESADAS.

ANTIGUO CAUSE DEL ALTO PARANÁ.

PADRE DE LA VIDA.

HIJO DE LA VIDA.

LECHIGUANA DULZONA.

ESFUERZO.

CUANDO PENSAMOS QUE ÍBAMOS A PODER PEDALEAR POR MUCHOS KILÓMETROS MÁS, ALGO NOS SORPRENDIÓ DESDE EL PAMPERO. UN LLAMADO TELEFÓNICO NOS HABÍA PREVISTO DE LO QUE ACONTECERÍA: OJO QUE EN ROSARIO ESTÁ LLOVIENDO MUCHO.

LA TORMENTITA ÉSA. QUÉ MARAVILLOSO ES EL REGALO DE UN NORTEO DE TANTOS DÍAS SEGUIDOS.

¿O NO, PATO?

SE VA LA TORMENTA.

UNA CRÍA DE HOMBRE TOPO. FUE DEVORADO POR SU HERMANO: UN PRIMOGÉNITO CELOSO. ASÍ NOS CONTÓ PANTA, UN LUGAREÑO DEL PARAJE.

PANTA NOS PRESTÓ SU CASA. EL CORRENTINO ES MARAVILLOSO.

HAY SUEÑO. MUCHO VIAJE, MUCHO ESFUERZO, MUCHO REZAR, MUCHO SUFRIR VIENDO POBREZA, MUCHO AGUANTAR BAJO LA LLUVIA… DEMASIADA INTEGRIDAD JUNTADA PAR UN SÓLO DÍA. Y BUENO… TODOS NOS MERECEMOS UN DESCANSITO. AHÍ LES DEJO ALGO. NO OLVIDAMOS QUE RECORDAMOS EL DÍA DEL CHAMAMÉ.

EL CHAMAMÉ ES MUSA DE TANTOS SOÑADORES, DE TANTO ARTE MARAVILLOSO PERO POR DESGRACIA DESCONOCIDO Y SIN DIFUSIÓN. A VER SI RECONOCEN CUÁL ES EL GRUPO QUE HACE ESTA VERSIÓN EXQUISITA DEL CHAMAMÉ «TUS RECUERDOS»… UNA PISTA: ILUMINARÁ… ILUMINARÁ… LA NUEVA… LÁSTIMA QUE EL DESEO DE VIVIR DE LO QUE AMAN LOS HA LLEVADO A TOCAR MÚSICA COMERCIAL Y SIN AMOR A LA TIERRA.

UNA ORACIÓN: GAUCHITO, PROTEGENOS EN ESTA PEDALEADA QUE HAREMOS POR TUS MONTES DE ESPINALES Y ARENAS.

ALLÁ VAMOS: RÍO CORRIENTE AL NORTE.

AVES VIGÍAS OBSERVANDO NUESTRA INVASIÓN FORÁNEA.

UN DESCANSITO.

CLETA, MI HIJA DE CAUCHO Y FIERRO.

CRUZANDO ALAMBRADOS.

VAMOS VACAS… CORRAN QUE LE BAJAMOS LA TERNURA A LA CARNE. JAJA. ¡A CORRER, VACAS!!! COSA DE NIÑOS.

UNA ESTRUCTURA DE FIERRO AL FONDO.

PRIMERO A BUSCAR UNA BUENA JABONERA PARA EL CONSULTORIO.

PATO EL ODONTÓLOGO.

ERAN VÍAS AL FINAL.

DE LAS POQUÍSIMAS COSAS BUENAS QUE HICIERON LOS INGLESES, ADEMÁS DE HABER CREADO A ROSARIO CENTRAL: BUENOS TRENES, BUENAS VÍAS, BUENOS PUENTES.

CLETA DESDE LO ALTO.

VAMOS, PATO. COPEMOS LA PARADA. POR UN TREN PARA TODOS: NO AL TREN BALA: GRAN NEGOCIADO ENTRE LOS FUNCIONARIOS ARGENTINOS Y EL CLUB DE PARÍS.

EL ESPINILLO. UN HOMENAJE A ESTE TORCIDO DE LEÑA DURA.

Y UN HOMENAJE AL CHAMAMÉ DE LOS INDÍGENAS:

EL TAITA COCOMAROLA LE DEDICÓ UN BELLÍSIMO CHAMAMÉ A LA TIERRA CHAQUEÑA. EN ESTA OCASIÓN, INTERPRETADO POR ZITO SEGOVIA.

SIGUE EL VIAJE.

UN DESCANSO BAJO LOS HERMOSOS ESPINILLOS.

UN PEPITERO AMIGO QUE VINO A BUSCAR MIGAS.

PEDALEAR BAJO LOS ESPINILLOS TIENE SUS COSTOS. CINCO PINCHADURAS GRANDES Y UNA INFINIDAD DE AGUJEROS PEQUEÑOS. AL REGRESO TUVIMOS QUE CAMBIAR LAS CUATRO CÁMARAS.

MIENTRAR ARREGLÁBAMOS LAS CÁMARAS, ÍBAMOS SILVANDO ESAS MELODÍAS LITORALEÑAS QUE NOS HAN GUSTADO TANTO DE NIÑOS. Y RECORDABA A MIS CHICOS DE LA VILLA. TANTOS HAN LLEGADO EXPULSADOS DE ESTA TIERRA TAN HERMOSA Y DESPOBLADA QUE ES LA PATRIA CHICA CORRENTINA.

FUE IMPOSIBLE NO SUBIR ESTO. A ESTOS VIDEOS TANTO LOS HE TRABAJADO EN LA ESCUELA.

TUYANGOS QUE UN RATO ANTES TRAJERON UNOS BEBÉS DESDE FRANCIA. A CAMBIO DE 6 MIL MILLONES DE DÓLARES.

MARAVILLOSO ESPINAL.

MARAVILLOSO CAUCE MEANDROSO.

UN CHAJÁ QUE QUEDÓ VIUDO. EL ÚNICO SIN PAREJA EN TODA LA COMARCA.

MÁS CIGÜEÑAS.

UNA FORESTAL EN MEDIO DEL ESPINAL. LA HISTORIA FUE LA DE SIEMPRE: NOSOTROS PEDALEANDO, TRATANDO DE ALCANZAR LA RUTA. ENTONCES NOS SALIÓ AL CRUCE UNA CAMIONETA AMARILLA. DE DÓNDE SON, NOS PREGUNTÓ. ESTAMOS ACAMPANDO BAJO EL PUENTE CARRETERO, LE RESPONDIMOS. CÓMO SALIMOS DE ACÁ PARA LLEGAR A LA RUTA, LE PREGUNTAMOS NOSOTROS. NOS INDICÓ DE MALA GANA. EL RESULTADO: LA POLICÍA NOS ESPERABA AFUERA DE LA FORESTAL. NOS REGISTRÓ Y NOS AVERIGÜÓ ANTECEDENTES. POR SUERTE EL COMISARIO NOS TRATÓ MUY BIEN Y PUDIMOS SEGUIR SIN PROBLEMAS. ERGO: LOS LATIFUNDISTAS NO CAMBIAN.

A DORMIR. BASTA. UN POCO DE LA MÚSICA QUE ES HIJA DEL VIENTO, Y A TERMINAR EL DÍA.

EL FINAL DEL DÍA NO NOS PODÍA ENCONTRAR DE OTRA MANERA: GUITARRA, MATE, VINO Y ASADO.

YATAYS AL COSTADO DE LA RUTA, PARA EL REGRESO.

UN DEVOTO DE GOYA.

«VOLVER A CASA» PA’ UN COSTERO DE LA ISLA.

EL CENTRO DE GOYA.

SIGUEN LAS HERMOSAS PALMERAS.

FUERA, ANIMALITOS. A MOVER ESAS CARNES.

CIENTOS DE KILÓMETROS MÁS AL SUR, VOLVEMOS A CRUZAR EL RÍO CORRIENTE.

CASITAS POBRES EN EL MEDIO DEL MONTE CORRENTINO.

LOS CHAJÁS FELICES Y A LOS GRITOS.

LAGUNAS Y CAMPOS.

PATO SIEMPRA GALANTEANDO A LAS GUAINAS EN SUS VIAJES. LA CHICA DE ESQUINA NO DEJÓ DE SONREÍRLE NI POR UN SEGUNDO.

Y VUELTA A ENTRE RÍOS.

LA PAZ Y EL PARANÁ QUE SE VUELVE EL GIGANTE COLOR DE CIELO.

EL PUENTE Y EL FINAL DEL VIAJE.

UNA MARAVILLOSA LITORALEÑA DE ARIEL RAMÍREZ Y DEL BORRACHO BRASCÓ, INTERPRETADO POR EL DÚO SOCAVÓN.


Insomnio (líneas sueltas en la madrugada)

Para los visitantes de otros lugares, que veo aparecen, y que son frecuentes:

 

Les cuento que mi país se llama Argentina —tierra de la plata—. Queda al sur del mapa: debajo de todo, según las editoriales. Es un país netamente agro-exportador y futbolero. Exportamos alimento para 450 millones de personas, y una vez ganamos un mundial de fútbol: en 1986 en México. También compramos uno, en 1978, pero da vergüenza recordarlo, así que me sincero y les digo que ganamos sólo un mundial: de la mano de Maradona y de Baldano. Mi país se divide en regiones. Cuyo: la de la cueca y del vino, el Litoral: del Paraná y el chamamé, la Patagonia: del loncomeo, la estepa y los glaciares de la valdivia, el Noroeste: de los guainos y el cardón, el Chaco: del Chelaalapí y el algarrobo, y la Pampa: de la milonga y los espinales.

 

La ciudad donde vivo se llama Rosario; es la tercera ciudad en cantidad de habitantes y está en el límite entre la pampa y el litoral. Dentro de Rosario, vivo en el norte, en un barrio bastante contrastante. Si miro hacia el este veo las casas de los dueños de todo, y si miro al oeste veo a los siempre ninguneados. Vivo justo en la mitad de lo que amo. A 630 metros, yendo hacia el naciente, está el río viejo, y a 680 metros hacia el ocaso, el terraplén ferroviario que limita a los desterrados. Muchas horas al día me la paso detrás del terraplén, en la villa miseria que la gente conoce como la Cerámica, mientras que de noche y los fines de semana, permanezco sentado a la vera del Paraná, pidiéndole respuestas al Espíritu del Agua.

        

Es muy difícil tratar de mantener una conversación con este espíritu.

 

Cuando termino mi jornada laboral, cada tarde, caliento agua para preparar un mágico elixir folclórico, descubierto por nativos guaraníes, y que llamaron llamado caá caihué —los criollos le decimos yerba mate— y parto hacia la costa para sacar a pasear a mi perrita. Entonces, mientras Maleva del Río, en la arena, corre a los perritos limpios, arrojándolos al barro y llenándolos de olor a pescado, y yo disfruto de la sabrosa infusiómn amarga, busco en el ruido casi imperceptible del agua contra la costa, el rumor de Y Yara que narra y llora desconsuelos.

 

 

Tiene voz de niña. Algunos imaguaré cuera —gente vieja— dicen que es una guerrera que desnuda viaja sobre el lomo de un pirá guazú —pez enorme—. Otros, que es una cuñataí —niña— con la cabellera muy larga y escamosa, que observa el mundo desde el fondo del cauce.

 

Y Yara —ese difícil espíritu del agua— no contempla lo que a nosotros se nos ha dado por llamar bien o mal. El amor y el odio, para esta divinidad pagana, son estados puros. Odio al aborrecer a Tupá Yara —dios del sol—, y amor hacia las criaturas que habitan bajo las aguas, mediando en los asuntos turbios de las rayas y los bagres, e interviniendo con su ejército de palometas —pirá añá: pez del diablo— en las discusiones que se le antojan subversivas.

Y Yara no atiende los conflictos mundanos de la superficie. Aunque algunas veces creo que dice mi nombre. Creo que lo sabe.

 

El río me ha llevado,

se ha adueñado de mí.

He caído en los brazos turbios del

viborón naviero y

me he dejado arrastrar por

su torrente de aguas oscuras

hacia lo más recóndito de

sus lejanos esteros.

 

Casi no puedo saber quién fui.

Me quedan ruidos, gritos, euforias y

culpas de ese otro que

ha sido llamado por

el Espíritu del Agua.

 

         Y Yara nombra estados puros. Silencio y desazón en esto que nosotros conocemos como el mundo real. Silencio de remansos y respuestas turbias. Ay, niña de escamas en la cabellera larga… criatura que nada podés sentir más que odio y amor. Lentamente voy entendiendo tus estados. Otra vez se retuerce la panza de dolor… maldito cuerpo mortal que no está preparado para este designio.

         Creo que era más feliz cuando lloraba por saberte, río, y, ahora que te sé, duele.


Música para cambiar al mundo. Parte tercera.

Tres chamamés que amo:

«Taitalo vino del Chaco», por Montiel; «Bar y Pista», por Mario Bofill; y «El Forastro», por las Guainas del Chamamé.

Espero que los disfruten. Van las fotos de mayo con la música.

Las fotos pasan a mil. Marea. Para las de junio, me pongo las pilas y lo mejoro.

 

 


Llorarlo al río (chamamé por su autor)

La grabación es horrible. No se la recomiendo.

 

 

 

Me dijo, muy triste un armau,

Que nunca lo llore al río;

Que el llanto enagria al mentau

Y de sal va su destino.

 

Corriendo, un ypacaá,

Dijo en huasca lagunero

Que el odio del puño cerrado

Hace penar el estero.

 

(Coro)

Si no echa flor el aguapé,

Paraná vencido,

En el supurar de espuma

Irá enfermo nuestro río.

Un carpincho, un patí y un tuyango

Piden tregua a su destino.

 

 

 

(Primer recitado)

Cuesta no llorarte, vena abierta de la selva atlántica; suspiro ahogado del pantano chamacoco, cauce nuevo del agua brillante guaraní, casa de los mil albardones que sedimentara sangre toba y wichi, ruta vieja del miserable jangadero que deriva su sueño por el torrente quirogano.

Cuesta no llorarte, si los gordos se ríen de tu pureza, inodoro grande que llevás manso la mierda de Alto Paraná, de Vicentín, Molinos, Dreifus, Cargill, Petrobrás, Celulosa, Yaciretá, Itaipú.

Cuesta no llorarte si a las moles cerealeras de acero no les interesan tus barrancas ni tus blancos arenales. Ellos quieren su dinero hecho grano y sólo eso.

Cuesta no llorarte si en la banda este acopian peces en harina. No perdonan tamaño, ni especies, ni pagan regalías por lo que es tuyo, río, y mío.

Cuesta no llorarte, si el imbécil de la lancha se ha cargado toda su miseria e impotencia en el dedo pesado que jala el gatillo contra ustedes, río, bestias, peces, aves.

¿Por qué no me dejan llorarlos, sirirí, lobito, nutria, crestón, pyrajú, carpincho, pacará, ambay, cachorro, manguruyú, sábalo, yacaré, carau, iguana, chajá, irupé, gallito.

Déjenme llorarlos. ¿Por qué no me permiten penarlos? ¿Qué es eso? ¿Qué me quieren decir? ¿Qué me señalan? Ánima del río que te siento hoy aquí adentro. Quitá el velo del lenguaje que hace a mi tosco entendimiento. Dejame oír tu voz; ésa que lenta y pesadamente llega en cálido viento norte.

Sí… te escucho, río.

 

 

 

Torcido, este sauce rezaba

Por el ánima del agua,

Pa’ que sane del mal desdichao,

De la peste que lo daña.

 

Yo quise sentarme a su lao

Pa’ velar junto a su sombra

Y me dijo: «no llores muchacho,

¡A luchar que ya es la hora!»

 

(Coro)

Si no echa flor el aguapé,

Paraná vencido,

En el supurar de espuma

Irá enfermo nuestro río.

Un carpincho, un patí y un tuyango

Piden tregua a su destino.

 

 

 

(Segundo recitado) 

Te escucho y te entiendo. Siento el olor a muerte que trae el norte de la selva. Siento el olor a veneno agroquímico que cae de tus barrancas y cuchillas. Siento el olor, mezcla de la pólvora y combustible, de los cazadores. Veo el negro humo del crematorio del monte. Veo el aceite que deriva, manchando costas… vida. Veo a tus peces buscando inútilmente aire puro en la superficie. Toco y trato de sujetar al sauce que cae antes de tiempo de una costa que acusa socavones artificiales en las orillas. Toco a la víbora que se enreda en mis piernas, y la siento temblar de miedo. Escucho a los motores que no dejan de vociferar rugidos en tus costas. Escucho reír a los empresarios gordos, también a sus hijos idiotas y a sus mujeres plásticas… aman su dinero y te agradecen a ti, río, y los políticos. Escucho tiros. Amenazas. Pruebo el gusto del agua y me ardo de rencor al no poder usarla siquiera para calentar una pava para mate.

Te siento, río. Te quiero sobre todas las cosas. Y te veo sin armas. Sin voz que grite. Sin leyes que te cuiden. Y entiendo tu pedido. Me rogás que no te llore. Que te cuide. Que me levante, que me ponga de pie.

            Ahí voy, Paraná que fuiste Bermejo, Salado, Paraguaí, Alto Paraná, Corrientes, Iguazú. ¡Ahí voy! Vos me diste la vida, la integridad. Ahora te devuelvo ésta, mi gratitud en lucha por tu paz.

 

(Último suspiro)

 

 

 


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