Voces y colores del gigante de agua dulce

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Al Cerro de la Luz por caminos no convencionales.

¿Qué andará de lindo en esas lagunas inhóspitas,
que aun bajo la lluvia las golondrinas cruzan aires?

Guarú.

Así habló Juancho Labianca, uno de los expedicionarios que allá por 2004 unieran las ciudades de Rosario con Río de Janeiro:

El kayak es expresión absoluta de libertad. Con el kayak llegás a todos lados, no hay límites… ninguno.

Nosotros justificamos nuestras naves: La lancha no puede eso de pasar tapias, de saltar albardones, de conformarse con un hilo de agua.

Soñamos, nos sabemos los mejores, desafiamos los confines en busca de reservorios.

Cora la poderosa, Pilagá Widmann, Javier el que pasa abras aun cansado, Renata Trotsky Timai y yo, todos miembros del Equipo de Los Montaraces. Esta vez, el nuevo objetivo era llegar hasta el Cerro de la Luz —un cementerio indio cercano al arroyo San Lorenzo— pero por caminos no convencionales; o sea: no aptos para lancheros.

Kayakistas, lancheros, parecen eternos enemigos y sin embargo son vecinos, hermanos, compatriotas… Pero tan distantes en el actuar: el kayakista comparte el sufrimiento del monte. En la dura labor de remontar correderas va el lento peregrinar del pez que busca el sitio de desove. La arrastrada del kayak duele lo que pare el ave en su nido. En el dolor de espalda por la prolongada postura, la helada quemando un bejuquito. El lanchero, en cambio, profundiza el dolor del monte: en la prístina armonía de los verdes, blancas bolsas se desparraman como diciendo: acá manda la ciudad. En el silencio de grillos y ranas el estampido de la escopeta mata al mamífero, y las aves asustadas abandonan sus pichones perdiéndose en la confusión. Junto al camalote que es parte del ejército conquistador del estuario, baja la botella abandonada y el envase de aceite para motor dos tiempos. Tantos años transformando el suelo en vida, en savia, flores, leña: se levanta el árbol, y en menos de una noche el lanchero le abre un tajo en la corteza porque necesita dónde apoyar el machete.

Nosotros somos kayakistas, kayakeros, palistas, remadores, patacheros… donde el kayakista pisa el pasto verdea, el sauce respira alivio, el ave nidifica sin miedo, el lobito de río se pasea. Somos los kayakistas.

Aunque es cierto que hay lancheros conservacionistas y kayakistas inmundos como lancheros, pero esa es una discusión, innecesaria en este momento que admiramos nuestras naves para disfrutar de esos ambientes naturales que guardan paisajes maravillosos y seres increíbles.

Utaí, ygára, kayak, canoa, botecito, piragua… somos el amor al río. Y acá les contamos nuestro viaje.

Para ver las fotos y relatos tenés que apretar sobre la primera imagen y con las flechas del teclado podés ir pasándolas una a una. Cuando llegues a la última, si no te aburriste antes, dejá un pequeño comentario, en forma de crítica si te parece necesario, para que tu opinión ayude a mejorar estas publicaciones. 


Las páginas de Danamvedetá III

Leer la segunda parte.

Tres

Sobre la niñez.

De chico salir a las sierras era estar en contacto con ríos de agua cristalina, con montañas gigantes que llegaban hasta el cielo, con otros niños que eran amigos, hermanos y compinches. Detrás de la casa de uno de ellos había un lugar mágico, húmedo, oscuro y misterioso: un monte. Imagino hoy que no sería de más de media hectárea. Ir al monte suponía entrar a territorios desconocidos con confusos confines que prometían siempre un poco más de espesura. Ahí los juegos, las armas de palo, las trampas para hacer caer al enemigo, perros lobos, la guarida segura hasta el llamado a gritos de mamá.

Los juegos, las armas, las trampas, el enemigo, los lobos, los gritos… todo siguió menos el monte.

Hoy ya no existe, es apenas un barrio más en un pueblito serrano. Mi monte había desaparecido.

Ya no había el monte de antaño.

En mis viajes volví a tener una distante relación con eso que ya no estaba. Vi que la gente pobre y desterrada no decía deforestar, sino desmontar. Entendí que en la lengua de la gente sencilla todo lo que es espesura vegetal es monte. El bosque es monte, la selva es monte, el monte es monte. El monte es el refugio de la vida, de los duendes, de la fresca oscuridad. El monte santiagueño, el monte en el bosque húmedo patagónico, el monte de la amazonía, el misionero, el de las yungas. El monte volvía a ser monte, pero ahora aparecía como una visión distante, lejana, ajena… El monte mío ya no estaba.

Un día de marzo, hace pocos años, hallé el kayak del Leonardo Ferreyra, el bioquímico de barrio Refinería, en una playa solitaria y hermosa de un brazo del Paraná al que llamamos Paso Destilería. Esperé un rato a que mi amigo apareciera.

Llegó cuando el agua de la pava ya estaba lista y le pregunté dónde había andado; me dijo: Caminaba por el monte.

¿Caminaba por el monte?
Caminaba por el monte.
Y no dijo: Caminaba por el monte. Dijo: Caminaba por el MONTE. Dijo monte como lo dice Ramón Ayala.

No por el albardón, ni por el saucedal, ni por el bosque en galería. Leonardo Ferreyra andaba por el monte… por mi monte.

Así como los olores rememoran grandes añoranzas, para mí también lo hizo ese pequeño sustantivo.

Y entonces desde ese día volví a tener el monte. Ahí donde antes los juegos, donde las armas de palo, las trampas para hacer caer al enemigo, los perros lobos, la guarida segura hasta el llamado a gritos de mamá. Ahí estaba todo eso que ha muerto, todo menos el monte… mi monte.

No es lo mismo decir: voy a buscar leña entre los sauces, que hablar así: voy a buscar leña al monte.

Y el monte volvió a ser mío.

Imágenes del tercer día de remo:

El día empieza entre el monte y el río, como siempre.

Martincho el grandulón.

Cansancio de un norte que no afloja.

Lobito maravilloso. Lentamente recupera sus poblaciones gracias al empuje conservacionista que surge cuando sumamos todas nuestras fuerzas.

Descanso de tener los pies en la tierra, para preparar un pequeño vuelo.

La pesadez del enero.

Cambios.

El suelo no tiene hamaca, pero despega.

Hasta las manos.

Oscurecimiento de ojos ardidos.

Reparo.

Nutrias también al reparo de la tempestad.

Caraguatá.

Mejora.

Como todas las tardes… el monte queda a oscuras.

Farol de los recorredores.

Leer la cuarta parte.








Amazonía Boliviana

arara de mara12

Diario de viaje por la amazonía boliviana.

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tú, sin prisa


Video Filmado en la zona del Parque Nacional Islas de Santa Fe.


Masa Crítica. Agosto 2010

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¡Otra foto gigante de la Masa de Agosto!

Ver imágenes de la Masa Crítica de Julio de 2010.

Para los que no saben dónde vamos… Miren esto: Masa Crítica Budapest.

MASA CRITICA no es una organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los derechos del ciclista en las calles. Es una idea y un evento. Es grátis. No es una carrera. Es sólo por diversión.
Sucede cuando muchos ciclistas se reunen en el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido por un rato.

SOMOS EL TRÁFICO

¡¡¡Te esperamos el primer domingo de cada mes, a las 15:00 hs, en Oroño y el Río Paraná!!!

En FaceBook: Masacritica Rosario

Contacto: masacriticarosario@hotmail.com

 Nota en La Capital

 







Agua en la Cabeza (parte10/10)

Volver a la parte anterior.

 

Es el fin.

De regreso, otra vez a cargar las bicicletas para volver al tren. Una de las Tres H a todo vapor en la bajada.

El estilo perfecto.

Morajú contracturado por intentar seguir con la vista a la veloz Renata Trotsky Timai.

Monjita blanca aplaudiendo a los emprendedores.

Miren cómo voltea este verdón asombrado por la velocidad de la bajada.

Estos rosarinos son una luz!!

Admirado el Cachilo Ceja Amarilla.

También el Halcón Plomizo.

Ni hablar la Chimangada.

Adiós, viajeros. Esperemos que regresen… Pocos andan preguntándose por lo que ven. Gracias.

Natalia Schulz, la intendenta de Villa General Belgrano, nos recibió en su casa con vuvuselas y platillos. Nos entretuvo por un rato, y luego volvió a asistir al simposio que había organizado, donde se discutía si El Che y Evita hubieran ido juntos en una fórmula anti K.

El Chiguanco Ala Mocha nos despidió también. Los habitantes de las sierras prometieron añorarnos.

Éste no, el Carpintero Real dijo que el próximo finde vendría a golpear árboles a nuestro campamento en la isla. Buenísimo, chamigo de siempre.

Y el último despido. Cleta Coba se cubría de cajas, y nosotros de gloria por haber dado con la vertiente más alta del Cará Cará Añá, en el Gigante con Agua en la Cabeza.

Hicimos un paseo por las turísticas calles del pueblo de Natalia Schulz… Lo que más nos llamó la atención fue su arcoiris bellísimo y…

…su monumento al botón.

Última cena organizada por la jefa comunal. Después de muchísimos días, nuestra piel era atacada otra vez por el jabón.

Y nos fuimos. Adiós provincia mediterránea, nos volvemos al litoral.

Los yatanes (asientos de suegra) dijeron adiós a Ansenuza… y se jueron pal litoral.

Yo tango un cactus,
un cactus chiquito
y me dijo que se llama,
se llama Yatán.

De una piedrita
gastada y flojita
se fue rodando hasta el suelo
y ái lo he’ncontrau.

Desnudas raíces
de mochas espinas,
lo fue a dejar en la huella
la lluvia estival.

Est:
Yatán, Yatán,
Yatán, Yatán.
Yo tengo un cactus chiquito,
se llama Yatán.

Lloró su destino:
el salobre Xanaes.
No quiso ser de Ansenuza,
se fue al Paraná.

Narraban los sauces,
al viejo ceibal.
Voces de mica y de loica,
se vino Yatán.

Gordito y pinchudo,
fierazo el mentau.
¡Tas, ipanami!, y fue oído:
dio flores Yatán.

Est:
Yatán, Yatán,
Yatán, Yatán.
Yo tengo un cactus chiquito,
se llama Yatán.

Fin.


Crítica sobre Ruedas

Para los que no saben dónde vamos… Miren esto: Masa Crítica Budapest.

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Agua en la Cabeza (parte 9/10)

A diferencia de las documentales del NatGeo, aquí habíamos encontrado el Gigante con Agua en la Cabeza varios capítulos antes del final de la travesía. Y como cada viaje, cada andanza, siempre hay un momento de volver a casa. El momento de regresar… Adiós, tapera que antes no vimos por la niebla…

Adiós, negro cordobés que nos quedó pendiente…

Adiós, grandulón con Agua en la Cabeza… gran vertiente del Cará Cará Añá.

Adiós, anélidos de los mallines.

Emprendimos el regreso por la delgada picada que han marcado los añares de tránsito ovino.

El paisaje era completamente diferente al que habíamos observado en la ida… así que sentíamos que volvíamos por lugares diferentes.

Adiós, sauces mimbres exóticos que sirven de sombra para los puesteros serranos.

Adiós, buchón de ojos rojos que nos delatás cuando nos acercamos sigilosos a algún bicho.

Adiós, humedales.

Adiós, paso del portezuelo.

Todo quedaba a lo lejos. Después de horas de caminata dejábamos atrás a las colosales vertientes de nuestro río de llanura, y volvíamos al valle donde una vez habíamos dejado unas bicicletas.

Adiós, bello yal plomizo que te escondés delante de la roca.

Adiós, tabaquillales en peligro por el hambre de la vaca.

Pasamos el faldeo del Cerro la Mesilla y otra vez dejamos la cuenca del Plata para pasar a la de Ansenuza.

Las figuras de eso que llaman civilización se volvían más frecuentes.

Otra vez en el frío y silencioso pinar.

Un buen intento.

Registramos nuestro anecdotario en la bitácora del caminante y aprovechamos unos días para descansar… sin bici y sin mochilas.

Caminando sin apuro, sin peso… como hacen los turistas, disfrutando del paisaje modificado por los humanos.

Bosques de árboles exóticos.

Montañas que entre los árboles parecen postales centroeuropeas.

Un compás comechingón.

Árboles medicinales que utilizamos para hacer baños de vapor.

Catay para condimentar las salsas picantes.

Y del dulce… Excelente.

Un último descanso… antes del definitivo regreso.


Agua en la Cabeza (parte 8/10)

Las nubes cubrieron el cielo y el ambiente se volvía húmedo y cálido. Algunos cerros enseñaban una niebla en sus cimas. Decidimos que era la hora de regresar. La vuelta no fue lo mejor… Me hicieron cargar con la pesada mochila y con una interesante colección de piedras que se eligieron menos por su belleza que por su excesivo peso. Me lleva el chanfle…

El maravilloso árbol del tabaquillo: corteza caída de esta maravilla también a la mochila.

Maravilla natural que está en riesgo de desaparecer. La necesidad de leña y la gran cantidad de cabezas de ganado —hambrientas de hojitas que realizan fotosíntesis—  hacen que sólo permanezca este especie arbórea en las laderas pronunciadas de las montañas.

Una verdadera obra de arte natural.

Otra increíble aparición: la Cueva de los 40. Dicen que hace muchísimos años, antes de los celulares y la internet, unos baqueanos paseaban turistas por estas montañas cuando de pronto se armó un tormentón, y hallaron reparo en esta grieta.

…Y hablando de naturaleza creando maravillas…

¿Los antiguos habrían intentado imitar a la naturaleza para contruir sus pircas?

Pica al Canastero escondido.

Un asiento de suegra en flor. ¿Nuestro pequeño Yatán llegará a ser así de lindo?

Terrazas, losas, piedra y pastizal.

Las vertientes del río Cará Cará Añá no dejaron de deslumbrarnos.

Una Dormilona se hizo presente.

Continuamos por las cañadas de este arroyo, que aguas abajo nos llevaría hasta el campamento.

Las barbas de viejo les quedan perfectas a los tabaquillos.

.

Renata Trotsky Timai contó que ya buceó varias veces en esos pozos, cazando sirenas travesti.

Las millonadas de años crearon cosas.

No me hinchen… Estoy descansando en una playa solitaria.

Un poquito de paz.

Ensayando la «posición de poder» de los guitarreros jevi.

Un chingolito se burló de mis cualidades mímicas, y abandoné la práctica.

La bruma despejó y los últimos rayos de sol iluminaron las partes más altas. 

Cansancio, sueño… Al fin dimos con el Gigante con Agua en la Cabeza… Buenas noches…

¡¡¡Buen día, día!!!

Sigue el viaje. Después de lograr el objetivo de filmar la vertiente más alta del Alto Cará Cará Añá, decidimos salir a pasear por la zona.

Además del chivo bajo el brazo… el paisaje también me hace sentir una Heidi.

¡¡¡Visitemos la escuela del Champaquí!!!

¡¡¡Colonicemos!!!

¿No es hermoso?

Un Pico de Plata se puso muy contento con nuestra evangelización auriazul. La naturaleza ama esos colores. Miren la sonrisa en el rostro del ave que, por haber presenciado tamaño acto solemne, hemos bautizado como Canashita. Ahora todos los que visiten en cerro Champaquí, si van con el ojo atento, podrán encontrar a Canashita, testigo único del acto más solemne que se realizara en la comarca.

Hace calor. No es común para la zona. No es buena señal tampoco.

Cúmulus inestábulus. Sigamos, pero atentos.

Estoy pensando… hace calor… el agua está congelada…

…pero hace tanto calor… Má’ sí…

¡¡¡Al agua, anátido!!!!

¡¡¡Esto está bueno que comer pollo con la mano!!!

Pero todo lo bueno dura poco. El tiempo anunciaba algo fiero y estábamos lejos.

Trito de los Mallines.

Sí; algo grande y negro se está armando…

El tiempo no dio pa’ más y se vino muy fuerte. Cayó el sol y llegó el agua, y con ella los rayos y el viento. Qué tormenta.


No más que esto


Los todos

Hubo una vez, en una ciudad Argentina llamada Rosario, un grupo de personas que se reunieron para hacer un viajecito en kayak desde un pueblo que lleva el nombre de Andino, recorriendo un río conocido como Cará Cará Añá, que aguas abajo los dejaría en el Paraná que los devolvería a su Rosario.  

Este grupo de personas tuvo que ahorrar un poco de dinero para comprar estas embarcaciones, que tienen un costo similar al de una bicicleta. El kayak y la bicicleta representan básicamente el mismo concepto, con la leve diferencia que caerse de una bicicleta implica «golpearse», mientras que de estos vehículos «mojarse». Algunas veces el suelo está duro… otras, el agua está frío.

Muchas de estas personas no se conocían entre sí… pero el grupo de los que sí se conocían recibió a los desconocidos con el mayor de los entusiasmos…

…con jugos frutales…

…y con alegría.

Para romper las p… digo… el hielo. El grupo de los que sí se conocían escondió los botes de los iniciados.

Cuando llegó la mañana, el grupo de personas decidió que llegaba el momento de partir por el Cará Cará Añá.

Estuvieron todos listos, y partieron…

El primer gran obstáculo sería el puente ferroviario.

Cosa que complicó a algunos, pero no fue motivo de retroceder. El agua está fría, pero el corazón caliente. A pesar de la ambición de los nadadores otoñales, el raíd siguió su camino.

El Cará Cará Añá ha dejado de ser un río sano, pero tal vez estas imágenes concienticen un poco.

Esta joven pareja saluda desde su kayak doble. Qué lindo es el amor y la compañía…

La flora exótica no dejó de verse en ningún momento. Aquí vemos unos gigantes australianos que cantan al son del viento y las cotorras.

El hombre, según la naturaleza… una imagen que pronto se borrará de la tierra, si sigue queriendo lo que no necesita.

Otro peligro. La autopista. Pero por suerte no representó serias dificultades para los raidistas.

Siguen las trabas, los problemas, los obstáculos…

Pero el grupo de rosarinos sigue viaje hasta el final.

Algo más en el camino. Un cable instalado por gente pobre para pasar a la banda…

Ups… Un muchacho al agua tras enredarse con él.

El panzón que navega en un chatón estaba preocupado… esperemos que aguas abajo la cosa cambie y no tengamos más de estos problemas.

La prolija comuna de Oliveros tiene su rinconcito oculto al costado del río.

Un puente exclusivo donde los pobres no son bienvenidos… Pasamos el Campo Timbó.

Un enfrentamiento entre los miembros del Consejo de Ancianos. La banda de Ramón ve una desorganización en el raíd. Cree que el actual jefe Toto no prevé los accidentes. El Masca Ramón es autopostulado rey del grupo.

¿Y vos nos vas a llevar por buen camino?, preguntan desde un embalsado camalote vecino…

Voten a Ramón… Yo soy la luz, la verdad y el camino.

El taguató votó por Toto.

El ombú que sobresale en el chañaral por Ramón.

Algunos se abstuvieron.

Este tala dio sus votos por Toto.

42 chañares por Toto y 25 por Ramón.

Roberto votó por Ramón.

El raíd se detuvo antes del final para llevar a cabo el acto eleccionario.

A este viejo le pasamos el trapo…

Sí… jajaja. Se termina el tiempo del Totismo.

Yo le tengo fe a mis crías… no me saca este gordo.

La bruja del Cará Cará Añá consultó con la borra de su mate y putió porque alguien le había puesto azúcar.

Yo le doy al Toto.

Ramón es la renovación del Consejo de Ancianos.

ZZZZZZ… Ramón puso el voto por el Huguito. ¿Fraude electoral?

Por una diferencia mínima… Toto logró mantener el título de Cacique Bote Insipiente. Ramón deberá esperar hasta el próximo raíd.

Para ver la panorámica entera, apretá sobre la foto.

El viaje culminó su primera etapa. Gaboto… pueblo de costas mugrientas y gente contenta.

La multicolor flameó como lo hace en cada campamento y las carpas mellizas estuvieron juntas y contentas.

La alegría se hizo parte de todos y el grupo de rosarinos empezó a prepara la segunda etapa.

Los que apoyamos a Toto saludamos al Cacique —nota: Luciano votó por Ramón, pero como es amigo del poder…—

El Panzón Gustavo prepara su chatón para partir.

Todo es alegría otoñal.

Para ver la panorámica entera, apretá sobre la foto.

El grupete de rosarinos estuvo listo y… zarparon.

El paleolítico.

El chatón.

Los piragüeros.

La niña maestra y el señor necesitado de afecto.

El que votó dormido.

El que pasea a los turistas con dólares y la rubia del chaleco mal puesto.

El que robó la pala del Toto porque era Ramonista.

La parejita que ya no se ve por el río.

Las veteranas del kayak largo que no entra en la foto.

Los que no coordinan la palada.

El Cacique Toto Bote Incipiente.

Todos…

Todos…

Todos…

¿Todos?…

O casi todos…

Menos la pirincha…

La Calandria linda…

La Bandurria…

El Caballo prófugo…

…y nosotros… Que preferimos volver en colectivo para dejar los botes en Gaboto.

Recorrimos la comuna para disfrutar de su encanto.

Sus verdulerías…

Sus ricinos colorados que saqueamos por las semillas que le debo a Matías de Berisso…

Sus calles largas…

Sus bajadas…

Sus empanadas de pescado…

Su gente linda…

Sus monumentos olvidados…

Sus costas inundadas…

Sus damas de noche abiertas en pleno día…

Sus cosas raras que no entendimos…

Sus animales exóticos…

Sus árboles nativos…

Sus paisajes…

Sus carteles lindos…

Su arte contemporáneo y vanguardista…

Sus espacios dantescos…

Su libertad de prensa…

Y su historia.

Gaboto… pionero de la ambición y la barbarie…


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